Querido, o no:
El día que se encontraron nuestros ojos, tenía que haber mirado hacia otro lado.
Te preguntarás a qué viene esta afirmación tan poco práctica, pero es domingo, y todos los días de ésta semana he encontrado alguna excusa para quererte.
El lunes, al volver a casa, vi a una señora en la acera, llevaba una bolsa con papeles, se rompió, así que agarró los folios y se fue caminando por la avenida. La bolsa voló, imaginé la escena de American Beauty y la frase que tanto nos gustaba:
"A veces hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto; y que mi corazón se está derrumbando"
Subí las escaleras, triste; tropecé con la alfombra y maldije lo imparables y sufridos que son los pensamientos.
Me dormí de madrugada, después de leer, otra vez, el correo en el que rompías conmigo de es manera tuya tan cobarde, y con tantas faltas de ortografía.
El martes fue un día aburrido: una reunión larga, pelea con un compañero y visita al mercado para comprar huevos, ovarios sabes que siempre me sobran. Me acosté tarde otra vez y el despertador me sobresaltó temprano, fui al baño y medio dormida, miré el champú, estaba abierto. Recordé las risas en tu casa, cuando confesaste que la primera noche que estuvimos juntos, volviste a pensar en mi en la ducha, yo había dejado el gel abierto; mi desorden te hizo gracia, entonces parecías observador y paciente.
Este miércoles fue desastroso: acabé en el despacho del director y me ofreció un aumento. Casi acepto cuando recordé que te prometí exigir a mi jefe respeto, no dinero. Dos fracasos, porque al final le dije que si y volví a pensar, no en ti, sino en follarte hasta sudar y volver a ducharnos sin cerrar el gel y follar otra vez, mojados de agua y de nosotros.
El jueves no fue mejor: cuando anotaba una cita en la agenda, me manché la camisa de tinta y mi espíritu voló, como la bolsa, hasta la noche del restaurante chino, cuando dibujaste un corazón en mi pecho con el palillo mojado en salsa de soja y de nuevo los dos empapados el resto de la noche.
Casi lloro, pero me fui a tomar un ron con el colega que te cae tan mal, estaba aburrido de tanto escuchar tu nombre. Me emborraché y terminamos calados también.
El viernes no fui a trabajar, ordené los armarios y mi cabeza loca; entre las camisetas arrugadas apareció la blusa roja que me regalaste, ¡Parecía tan indefensa al final del cajón! Me desnudé y estuve paseando por la casa sólo con tu blusa, hasta que mi vecino se asomó a la ventana y sonrió a mi pubis.
El sábado fui a pasear al Retiro. Tumbada sobre el césped observé a los chavales que fumaban porros en las barcas, casi les pido uno.
Estaba a salvo: nunca fuimos juntos a parques o lugares con flores, tu alergia nos alejaba del polen;pero pasó un mendigo con un carrito lleno de cartones y en uno estaban escritos nuestros nombres: Sara y Marcos Peluqueros. Igual nos equivocamos de profesión, aunque me sobraban ganas para tirarte de los pelos.
Casi me rindo, la semana acababa y tú aparecías por todas partes: en el viento, la oficina o en la etiqueta 100% algodón de la camisa. Desee tanto no haberte conocido que me dolió hasta no haber podido hacerte daño.
Por fin ha llegado el domingo, tumbada entre tus sábanas cierro los ojos y siento que la semana se aleja, y tú con ella, a traficar con otro alma.
Llamas por teléfono, lo dejo sonar, cinco minutos y vuelve el ring, dejo que pare hasta que a la tercera no puedo más y contesto, seca: si
Al otro lado, tu silencio.
Cuelgo.
Imagino que si tus ojos hipnóticos pudieran verme ahora, me traspasarían insolentes, pero ya no soy esa gata que te quiso vivo o muerto durante siete días.
Sólo soy la que te escribe para decirte que hoy es el último día que te quiero. Imbécil.
CARTA GANADORA DEL III CONCURSO DE CARTAS DE AMOR "EL SATÉLITE". AUTORA: SONIA ALDAMA