lunes 1 de septiembre de 2008

CRÓNICA EN SEPTIEMBRE

Martina y yo nos despedimos en silencio, estábamos en la habitación de mi madre, de pie, observando a Guada, que le daba la papilla a Noel.
Hugo miraba a su primo fijamente, sabía que si se daba la vuelta, las nenas ya no estarían allí. Le habíamos llevado al cuarto engañado, o eso creíamos, para que no se diera cuenta de que Martina y Carlota desaparecerían sin poder decir adiós. Cuando tienes dos años no entiendes de frialdades en las despedidas, las lágrimas se desatan sin disimulo porque exteriorizar los sentimientos acaba con la tristeza en unos segundos; los adultos casi siempre invertimos el proceso: nos quedamos sonrientes sin querer abrazarnos y no decimos en voz alta que el verano se acabó y que tendremos que esperar muchos meses para poder disfrutar tanto de los amigos, el tiempo y las risas de los reencuentros. O tal vez soy yo la que no puedo comentarlo, si lo hiciera, tendría los ojos llenos de lágrimas casi todo el día: cada vez que digo, hola, y pienso:
¡Qué ganas tenía de verte! ¡Por fin te has ido! ¡Seguro que pronto regresaré! ¡Voy a echarte tanto de menos! ¡Tenía que haberme quedado anoche! ¡Prometo que te llamaré la próxima vez! ¡Nos veremos en Madrid, La Línea o Málaga!
Mi ahijada había dibujado dos soles en el cuaderno que le regalé en primavera, le dije que cuando estuviera triste, pintara un sol. Su pena doble durante estos meses, la provocó una riña con su hermana y la pelea con Hugo por un juguete. Sentí envidia cuando me contó la historia, ojalá los soles que yo dibujo cuando amanece nublado tuvieran una razón parecida.
Ocurrió de nuevo: ella se puso a llorar minutos antes de nuestros besos en la habitación de la despedida apresurada: Hugo le había quitado su teletubbie, otra vez, como cada día durante todo el verano.
Carlota y Martina, las nenas de Hugo, estaban desesperadas, hacía 24 horas que habían decidido dejar de hablarle, ellas decían que era un pesado y él,que eran tontas. Pero cada vez que se alejaban, preguntaban a sus madres cuándo se volverían a ver.
A los adultos nos pasa lo mismo, pero nuestro orgullo nos impide reconocerlo, y pasan horas, días, semanas o toda una vida sin que nos volvamos a dirigir la palabra.
Aquella mañana hacía un calor pegajoso, el viento de levante había cesado, pero ya nos teníamos que marchar, no dio tiempo ni a un baño, durante toda la semana la bandera roja ondeaba en las playas y las olas solo permitían a los surferos adentrarse sin miedo en el mar.
Antes de la despedida clandestina, mi compadre y yo fuimos con las nenas, Hugo y Vanessa a ver a unos viejos amigos que habían tenido un niño, pasamos sólo una hora en su casa, hacía un año que no los veía, y todo fue como siempre, tranquilo. Cosme dijo que nos hacíamos mayores y por eso cada vez nos reíamos menos, quise llevarle la contraria, pero estaba tan seria que asentí.
Pensé entonces que Hugo y su primo Ismael se alegran tanto de verse, que se revuelcan abrazados por el suelo, sin palabras, a mordiscos transformados en besos.
Cada día de este largo verano me he quejado en algún momento, aunque también he sonreído mucho, pero echaba de menos a Carlitos cuando estaba en La Línea, quería volver a Madrid si ese día discutía con mi madre o cuando mi tío Diego me decía que estaba un poco histérica, pero semanas antes, estaba deseando abandonar el trabajo, salir, arrancar el coche y marcharme al sur para disfrutar de mi gente, la playa, o la fiesta surfahierro; de la tarde que pasaría con Nidito en Gibraltar con sus seis horas de caminata y charla interminable o el pequeño viaje en coche con Dani buscando aparcamiento en Málaga, sabía que llegarían las conversaciones etílicas con Gabi y Silvi en el Rahú, los tirones de pelo de Noel y las copas en el Soviet con Laura, Guada, Belén y Vanessa. Eso si, cada día con una de ellas, o con dos a la vez, nunca todas juntas.
Ser madre es lo que tiene — me decían ellas con los ojos cada vez que intentamos planear algo todas juntas. Una tarde lo conseguimos, fuimos a la playa con las nenas, sin los pequeños, pero no dejaron de hablar o de pensar en ellos. Yo insistía sin éxito en la misma pregunta:
— ¿Podemos hablar de hombres mayores de 18 años? En realidad dije: pollas, no hombres.
La noche de la fiesta surfahierro, Gabi, Silvi, Guada y yo acabamos en el Molly tomando cubatas, le mandé un mensaje a Ismael (el poeta) por si había salido, no hubo respuesta hasta dos horas después: habíamos estado los dos allí sin vernos, eso si, disfrutamos juntos del concierto de los imitadores de U2. Cuando tocaron with or without you, Guada y yo nos acordamos de Federico, hace 16 años que no sabemos nada de él, si alguien lee esta crónica y conoce a Frederick Lamoral Bakker, que se ponga en contacto conmigo, por favor. Le seguimos echando de menos.
Podría hablaros de las borracheras de julio en feria, de las calas de Mallorca a finales de junio o del encuentro apresurado con Barri en el Plenilunio, pero estaría toda la noche escribiendo y mañana empieza el cole, la vuelta al satélite, ese lugar en el que llevo trabajando 10 años, y aún me confundo y pienso que voy a clase.
No es serio, tengo que cambiar de órbita o seré Soniquete hasta que cumpla los 50.
Por cierto, feliz aniversario, Carlitos. Hace 16 años me dijiste algo así: me lo he pensado mejor y quiero estar contigo.
Un día malo lo tiene cualquiera :-)

4 comentarios:

Ismael dijo...

El "Soviet" es mi lugar habitual de libación alcohólica, lo que ocurre es que yo voy siempre a última hora, sobre las 3/3:30 para tomar las últimas, sin duda el bar en La Línea donde mejor música se puede escuchar.
Ahora viene, el otoño y el invierno, y con ellos, el espanto.

CESAR dijo...

A VER SI SOMOS MAS CONCISOS,EEEH? QUE PIERDE UNO LA MAÑANA CON TUS CRONICAS Y POEMAS CADA VEZ MAS LARGOS!!! JAJAJA, ME HA ENCANTADO REPASAR LAS NOVEDADES DEL ULTIMO PAR DE MESES EN TU BLOG, SALDAMA.

16 AÑOS JUNTO A CHARLIE???? PUF... DESPUÉS DE "ESA" COMIDA EN EL VIPS DONDE ME ENSEÑASTE "ESA" FOTO (LO SABE ÉL???) LO ENTIENDO TODO... ESE HOMBRE NO TE DEJARA JAMAS, JAJAJAJAJAJA

CUIDALO, JAPUTA!!!!

MUCHIIIIISIMOS BESOSSSSSSSSSS!!!

TQ++++++++++

Charlie dijo...

En fin, me temo que foto es,,,jajajaja
Por cierto, literalmente no se que dije hace 16 años, si me acuerdo que te pregunté mientras te besaba que si te importaba que lo hiciera, y tu no apartaste los labios; no fue tan malo el día 8-)

Ricardo Guadalupe dijo...

He metido la cabeza, donde no me llaman, pero como estaba abierto he pasado y hasta voy a lanzar un saludo, porque los encuentros son como las despedidas de las que hablas en la entrada, son momentos en los que se aprovecha para decir al otro cosas que antes no le habías dicho; En los encuentros por falta de oportunidad, en las despedidas porque preferías no hacerlo.

Este blog lo encontré a través de la web de la EDE, un sitio que siempre he considerado muy bueno para conectar a gente interesada por la literatura. El link de mi blog, por si os apetece echarle un ojo, es este: http://tienesmipalabra.blogspot.com/
Seguimos leyéndonos.
Saludos,
Ricardo