sábado 14 de febrero de 2009

REENCUENCTRO

Querida Noelia,
El día que se encontraron nuestros ojos, tenía que haber mirado hacia otro lado. Pero no podía, íbamos a ser compañeros en un proyecto que era mi primer trabajo serio. Tu mirada, viva y tierna, me atravesó el pecho como un rayo caído desde el cielo. Yo sabía que no era compatible el trabajo con el placer, pero era inevitable no caer rendido ante esos labios que habían nacido para ser besados, por lo que tuve que serenarme e intentar no perder la perspectiva. No era buena idea, incluso podría afectar a mi rendimiento en el trabajo y a mi relación contigo, lo que se me antojaba como la peor de las desdichas.
Nada más lejos de la realidad. Asistir al trabajo era algo más que pura rutina, era poder verte y emprender el reto de conquistarte. Era dolorosamente perfecto. Hasta que el proyecto terminó.
Después de estos dos años en los que cursé el máster en Australia, volví a ver tus ojos, y la misma sensación de vergonzoso vértigo se apoderó de mi alma. Eras tú y estabas tan esplendida como siempre. Me hubiese encantado que mi trabajo se encontrara justo en la misma parada que la tuya, así podríamos haber hablado un poco más. Las mañanas en el metro suelen ser bastante deprimentes, y encuentros como éste hacen que el día sea distinto al resto de los demás. Y por eso me he animado a escribirte esta carta, porque para mí, como ya sabes, eres una persona muy especial. Y te diré por qué:
Eres especial porque iluminabas con tu sonrisa toda la oficina; porque con tu gracia, simpatía y amabilidad difuminabas la rutina de un trabajo basura; eres especial porque conseguías que me sintiera especial, minorabas mis defectos y ensalzabas mis virtudes; eres especial porque consigues darme un punto de vista más positivo sobre las cosas; eres especial porque además de ser una fuente de inspiración, eres la chica más hermosa que he visto en mi vida, tu sonrisa es un lienzo en el que no me importaría dejarme la vista. Tu compañía hace que me sienta muy afortunado y terriblemente desesperado. Estoy loco por ti. Aunque tú eso, ya lo sabes.
Aquella noche de abril en la que nos vimos por última vez, celebrando el fin del proyecto la sentí como una noche de celebración incompleta. Porque, en solo seis meses, habíamos compartido tantas ilusiones, confidencias y esfuerzos, que yo realmente no quería separarme de ti. Las doce campanadas del reloj retumbaron en mi corazón y sentí tristeza y vergüenza por haberme enamorado como un crio, y por la impotencia por no poder dejar de soñar contigo. Tú ya sabías que estaba loco por ti, y tú también te sentías atraída hacia mí, pero para ti era eso, solo una locura, ya que tenías planes de boda con ese chico con el que llevabas 7 años. Yo te pedí una última noche para los dos, en la que nuestros sueños se hiciesen realidad, al margen de toda regla y todo prejuicio. Finalmente la noche acabó con un “seguiremos en contacto” mojado en chocolate con churros. Y al día siguiente, me desperté del sueño que era estar todos los días contigo.
En ese tiempo aprendí de esa ironía tuya a afrontar la vida desde un modo más positivo. Cambiabas desesperanza por humor y ternura, y todo con una inteligencia que hoy queda patente: porque si hubiésemos cometido esa locura aquella noche hoy quizás estarías casada con ese chico y habrías fingido no haberme visto en el metro. Y no me habrías dado la dirección de tu nuevo piso para enseñármelo y tomar una taza de café. Y no habría podido enviarte esta carta.
Quiero que guardes esta carta como un recuerdo, o un regalo en forma de carta que la vida te da. Porque doy fe de que te la mereces.
El próximo día que nos veamos bastará con que elijas el sitio en el que me des el beso de bienvenida para decirme si todavía sientes algo por mí. No me importará hablar de esta carta, porque contigo nunca tuve tabús ni secretos. Esto es solo una manera de abrirte mi corazón para darte las gracias.

Un beso muy fuerte.

Tu amigo,


Makú.

PEDRO ESTEBAN. FINALISTA III CONCURSO DE CARTAS DE AMOR "EL SATÉLITE".