sábado 14 de febrero de 2009

LAS CALLES DE SIGÜENZA


El día que se encontraron nuestros ojos, tenía que haber mirado hacia otro lado en aquella alameda. Casi me parece volver a verte allí, sobre el improvisado escenario, tocando tu guitarra y cantando al son de una canción de Los Secretos. Qué bien te sentaban esos vaqueros rotos lavados a la piedra, y aquella melena negra, desaliñada por la brisa de la noche estival.
Hoy he vuelto a pasear por las calles empedradas de Sigüenza, y no he podido resistirme a mirar hacia la alameda, que estaba especialmente bonita cubierta de nieve, adornada por pequeñas bombillas color púrpura iluminando el paseo. Te he buscado con la mirada, pero no te he encontrado allí.

Pensé que volvería a cruzarme contigo por casualidad, como cada año, y que volveríamos a intercambiar risas, historias y móviles. Esperaba que, una vez más, me hicieras sentir especial estando junto a ti, dejando que me mintiera tu mirada azul, para desaparecer después de mi vida como una ráfaga de aire fresco.
Te he buscado por la calle del Humilladero, y he suspirado al pasar junto a la casa del Doncel. Allí me besaste por primera vez aquella noche de agosto, ¿te acuerdas?
Después de aquellos días, perdimos el contacto durante años, pero la suerte o la ironía, hizo que volviéramos a encontrarnos tomando cañas por la “senda de los elefantes”. Después de 4 cervezas, 1 cerebrito y 1 cucaracha, prometiste una vez más que me llamarías, porque estábamos predestinados… qué idiota fui al esperar durante meses aquella llamada.

Volví a cruzarme contigo por estas callejuelas un año después, distante y acompañado de otra chica. Entendí que, si tiempo atrás, había surgido un sentimiento entre nosotros, no le dio tiempo a crecer.
Pero, a pesar de todo, la vida se ha empeñado en enredarnos por esta ciudad medieval, como si se resistiera a separarnos.

Anoche volví a verte en el Castillo Parador, me confesaste lo mucho que me habías echado de menos, sintiendo mi ausencia entre estas calles. Descubriste que me necesitabas, que tantos encuentros y desencuentros, nos habían hecho madurar; comprendiste que ahora estábamos realmente preparados para compartir algo más que una noche accidental.
Te pedí tiempo para pensar en ello. Por eso te escribo esta carta, porque ahora que mi mente está clara, he tomado una decisión, y, sea o no la correcta, te prometo mantenerla.

En nuestros encuentros año tras año, hemos vivido las experiencias, sueños y fracasos del otro; nos hemos confesado todo aquello que nadie querría saber, no nos importaba mostrar nuestros peores defectos o nuestros puntos más vulnerables; crecíamos un poco más como personas cuando nuestras miradas se cruzaban. Pero yo siempre necesité más de ti que tú de mí. Por eso te pido que no te hagas el encontradizo en mi puerta cuando vuelvas a Sigüenza, no preguntes por mí, porque ya no volveré a buscarte a este lugar, no esperes encontrarme porque no estaré aquí, ya que ahora sé, que aquella noche en la alameda, tenía que haber mirado hacia otro lado.

Némesis. Mada Sánchez Domínguez Paulete. Finalista III CONCURSO DE CARTAS DE AMOR EL SATÉLITE. 2009