Ya estoy en el sur.
Viajamos en tren desde Atocha y Hugo se pasó tres horas correteando por los vagones, sus tres años inquitos nos han dejado agotadas a su madre y a mi, bueno, y a unos cuantos viajeros que le observaban pacientes.
Belén y Martina han ido a buscarnos a la estación de Algeciras. Martina tenía arena en los pies y un gesto de niña que se hace mayor y que ha viajado ya por Europa. Está preciosa.
Guada nos ha recibido con cerveza y kebbab para cenar.
Esta noche dormiré cerca de las olas y de la luna, que casi siempre se ve desde nuestra casa.
Confieso que antes de coger el tren, Hugo y yo hemos dicho jolines, jolines, jolines muchas veces, necesitábamos desahogarnos, si, somos unos incomprendidos.
Mañana iremos a la playa y diremos: el mar, la arena, el tobogán, ¡hola peñón! Quiero un helado. Tengo sueño.
Tengo sueño.
Hoy no sueño.
domingo 12 de julio de 2009
sábado 11 de julio de 2009
MIS LETRAS
Se alejó la primavera de las letras de caramelo, casi sin darme cuenta llegó el verano y ni una palabra, ni siquiera un lamento o tres versos.
No dejaré que llegue el otoño sin volver a asomar por este espacio de silencios rotos.
No puedo olvidarme de mí, debo regresar a esta casa que ha estado demasiado tiempo deshabitada.
Las habitaciones se quedaron vacías, los colores se escaparon por la ventana de aquel cuarto oscuro.
Me gusta mi casa, cerraré la puerta, pero me quedaré dentro, subiré las persianas y que entre un poco de luz.
No dejaré que llegue el otoño sin volver a asomar por este espacio de silencios rotos.
No puedo olvidarme de mí, debo regresar a esta casa que ha estado demasiado tiempo deshabitada.
Las habitaciones se quedaron vacías, los colores se escaparon por la ventana de aquel cuarto oscuro.
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